La primera encíclica del Papa Francisco alerta sobre los riesgos de la inteligencia artificial (IA) y la necesidad de custodiar a la humanidad ante su avance.
El pontífice advierte que si la IA cae en manos de unos pocos, puede ser utilizada para manipular opiniones, orientar el consumo, influir en procesos democráticos e incluso desestabilizar gobiernos.
Se hace un llamado a los estados para que regulen activamente la IA, dada la concentración de poder que implica y el riesgo de que las decisiones queden en manos exclusivas de empresarios tecnológicos, desconectándose de las implicaciones sociales.