Continuando con la interpretación del libro de Isaías, se presenta a Jesús como el siervo escogido de Dios, en quien el alma del Padre tiene contentamiento.
Se destaca que Dios ha puesto su espíritu sobre este siervo, quien traerá justicia a las naciones. Se explica que Jesús no buscará la confrontación religiosa ni alzará su voz en las calles, sino que realizará su obra y su fama se extenderá por sus buenas acciones.