La ceremonia religiosa en la Catedral de Buenos Aires incluyó oraciones por la patria, pidiendo prudencia a las autoridades y honestidad a los ciudadanos para lograr justicia, paz y prosperidad.
Se leyó un pasaje del Evangelio según San Marcos, relatando la curación de un paralítico por Jesús, enfatizando la fe de quienes lo llevaron y el poder de perdón de pecados.
El mensaje central, inspirado en la parábola, instó a la sociedad argentina a superar las "parálisis" personales y sociales, a no dejarse vencer por el desaliento y a actuar con creatividad y audacia, trabajando juntos por el bien común.
Se destacó la importancia del diálogo, la amistad social y la esperanza como pilares para construir una Argentina unida, superando la polarización y el individualismo. Se recordó la figura de Fray Mamerto Esquiú y la oración atribuida a San Francisco de Asís, pidiendo paz y perdón.
La celebración concluyó con el rezo del Padre Nuestro y una invocación a la Virgen María, Nuestra Señora de Luján, patrona de Argentina, para interceder por el país, sus gobernantes y su pueblo.