La calidad de vida de los argentinos empeora a pesar de los discursos de crecimiento económico, evidenciado en la pérdida de poder adquisitivo y la creciente dificultad para cubrir gastos básicos.
Se señala que el trabajo es de menor calidad y los salarios no se recomponen adecuadamente para hacer frente a los gastos del hogar. La situación se agrava por las exigencias de ajuste continuo del FMI, generando incertidumbre sobre el futuro económico del país.