La expareja de Oscar Centeno, Hilda Orovitz, declaró en el juicio por los cuadernos y afirmó ser testaferro de Centeno, ya que puso un auto a su nombre. Reveló que le envió audios a Roberto Barata, pero no obtuvo respuesta. Durante la exhibición de estos audios, Orovitz rompió en llanto y la audiencia debió ser suspendida.
Orovitz también mencionó que Centeno la golpeó y que su relación fue un fracaso. Dijo que reclamaba dinero y que Centeno la estaba dejando. Se recuerda que Orovitz había denunciado a Centeno ante el juez Bonadio por un estilo de vida que no se correspondía con sus ingresos, mencionando bolsos y textos, pero la causa fue enviada a sorteo.
Se cuestiona la actuación de Bonadio y Stornelli en el caso de los cuadernos, sugiriendo que se quedaron con la causa en lugar de seguir el procedimiento adecuado. La declaración de Orovitz pone en duda el vínculo entre Centeno y Basí Galupo, otro testigo que declaró anteriormente.