Se profundiza la investigación sobre el desvío de Propofol y Fentanilo en centros de salud, cuestionando la versión de una testigo clave en la causa.
La testigo afirmó que el registro de uso y descarte de estas sustancias debe ser matemáticamente exacto, pero se exhibieron descartadores con ampollas que contradicen esta afirmación.
Se argumenta que la manipulación de los descartadores y la falta de control riguroso facilitan el acceso a estas medicaciones, poniendo en duda la teoría de que todo residuo vuelve a farmacia.
Se destaca la improbabilidad de que, en situaciones de emergencia como una reanimación, el personal médico preste atención a los milímetros exactos de medicación utilizada, sugiriendo que la responsabilidad recae en quien manipula los residuos.