En Barentsburg, una ciudad en el archipiélago de Spitsbergen administrada por la empresa estatal rusa Rost Arcticugol, la vida transcurre bajo la sombra del pasado soviético y el objetivo del comunismo.
La ciudad, con 350 habitantes en su mayoría rusos y ucranianos del Donbass, depende de la gestión diaria de Daria, directora adjunta de la empresa estatal. Los habitantes, muchos de ellos mineros con sus familias, llegan desde la época soviética atraídos por la demanda de mano de obra en las minas de carbón, similares a las del Donbass.
A pesar de la aparente normalidad, la extracción de carbón se realiza a gran profundidad y las autoridades restringen la filmación a lo que desean mostrar públicamente. La visita se interrumpe cuando se intenta acceder a los túneles de la mina.