Se revelan audios de alta tensión entre el inquilino, Ángel, y la dueña de la casa, Solange, evidenciando el quiebre total de la relación.
En los audios, Ángel expresa su frustración por el incumplimiento del contrato y la negativa a devolverle el dinero, a lo que Solange responde con amenazas de denuncia penal y lo deriva a su abogado, el doctor Vega. La comunicación se torna agresiva y hostil por ambas partes.