Anamá Ferreira reiteró la necesidad de educar para evitar una "guerra civil" derivada del racismo y la discriminación. Si bien descartó un enfrentamiento directo entre blancos y negros, advirtió sobre el crecimiento de la impunidad en la expresión de discursos de odio.
Ferreira enfatizó que, si bien no se puede cambiar el pensamiento de las personas, sí es posible hacer respetar las leyes y, en su caso, mejorar la legislación para castigar a quienes lastiman con sus palabras o acciones. Subrayó que el racismo deja traumas profundos en las víctimas, especialmente en los jóvenes.