El hallazgo de teléfonos con software de encriptación PGP (Pretty Good Privacy) en Ámsterdam ha revelado la creciente sofisticación tecnológica de la criminalidad organizada. Este método, desarrollado en los 90, permite comunicaciones secretas y no rastreables, lo que representa un desafío para las autoridades.
Los smartphones con encriptación avanzada están revolucionando el negocio de las drogas, permitiendo a los criminales gestionar operaciones a nivel internacional sin necesidad de viajar. La cooperación internacional en seguridad, impulsada por ataques terroristas, ha llevado a las autoridades europeas a intentar descifrar estos códigos, reconociendo la importancia de estos dispositivos para desmantelar redes criminales.