La relación entre Cuba y Estados Unidos se deterioró drásticamente tras la revolución de 1959. La nacionalización de empresas estadounidenses, la expropiación de tierras y el acercamiento de Cuba a la Unión Soviética marcaron el inicio de un conflicto que definiría la Guerra Fría.
En respuesta, Washington rompió relaciones diplomáticas en 1961 y apoyó la fallida invasión de Bahía de Cochinos, un golpe humillante para EE.UU. que consolidó la alianza de Castro con Moscú.