El historiador Patricio Lonz cuestiona la narrativa tradicional de la Revolución de Mayo, sugiriendo que no fue una revolución sino un golpe de estado al servicio de los británicos. Señala que la Junta de Mayo actuó en nombre de Fernando VII, quien estaba prisionero de Napoleón, y que la participación de figuras como Augustine Wright y Alexander Gillespie, ambos británicos, evidencia la influencia inglesa en el proceso.
Lonz también critica la idea de la independencia, argumentando que en ese momento no existían gentilicios claros y que la identidad se basaba en la pertenencia a la misma religión, rey y sistema de leyes. Cita el caso de San Martín, quien luchó con uniforme español y cuya hija fue bautizada como española, como ejemplo de la complejidad de la época.
Además, el historiador señala que el nombre "Revolución de Mayo" fue impuesto décadas después, y que el primer decreto de la Revolución fue el de libre comercio con Inglaterra, redactado por Alexander McKinnon, presidente de la British Commercial Room, con Mariano Moreno como secretario. Lonz concluye que el movimiento fue un golpe de estado encubierto para beneficiar a los británicos, y no un acto de independencia genuina.