Se debate intensamente si la Iglesia Católica negoció su discurso con el gobierno argentino, utilizando la palabra "negociación" con fuerte carga negativa. Se critica la actitud del actual Canciller, Pablo Quirno, calificándolo de irresponsable.
Se argumenta que el gobierno tiene una inclinación hacia la religión judía y evangélica, lo que genera un cortocircuito con la mayoría católica del país. Se cuestiona la postura del Papa Francisco, sugiriendo que no negociaría, pero se insiste en que la palabra "negociación" implica algo turbio.
Se plantea que la Iglesia, ante la avalancha de necesidades y la falta de recursos gubernamentales, debe hacer política, pero no rompiendo relaciones. Se menciona la reunión entre la Iglesia y el gobierno como un posible indicio de negociación, aunque se difiere en la interpretación de este hecho.