Se aborda la grabación del tercer disco de Los Pericos, "Rabada Style", en 1991, marcando una experimentación con sonidos más electrónicos y generando cierta desconcertación.
Se describe un período de saturación por la alta exposición y la sensación de estancamiento posterior, donde la banda se cuestionaba su futuro y el "vivir de la música".
Se menciona la búsqueda de productores y la colaboración con Cachorro, resultando en un disco con canciones dispares en calidad y una producción característica.
Se expone la lucha interna de la banda entre lo que querían ser y lo que eran, sumado a las presiones externas y la incertidumbre sobre la continuidad del proyecto.