Se enfatiza la necesidad de refundar el vínculo social y político en Argentina, promoviendo la unidad y el compromiso con los más pobres.
Se advierte que una Argentina donde solo unos pocos se benefician destruye el tejido social, agranda las brechas y conduce al enfrentamiento.
Se retoma el mensaje de la primera junta de gobierno de 1810, que llamaba a la "unión, conformidad recíproca y cordialidad" como base para la consolidación de la patria.
Se concluye que el sueño fundacional de Argentina siempre fue la unión, y se hace un llamado a hacerlo realidad para las futuras generaciones.