La Pascua y la obra de la cruz son presentadas como un plan divino de salvación, no un accidente.
Se explica que así como el pecado y la muerte entraron por Adán, la vida y la salvación entraron por Cristo, el "segundo Adán".
La resurrección de Cristo se destaca como prueba de su divinidad y de la veracidad del Evangelio, confirmando que se adora a un Dios verdadero con promesas firmes.