La creciente demanda de hachís en los años 80 impulsó las cadenas de suministro hacia los coffee shops, siguiendo las rutas migratorias de la diáspora del Rif. Pequeñas cantidades eran contrabandeadas por familias marroquíes, quienes veían en ello una oportunidad de negocio lucrativo y legal. Sin embargo, a mediados de los 80, el control de la distribución en los coffee shops pasó de los hippies a los jefes del AMPA, quienes controlaban un violento mundo criminal.
Klaas Breinsma, considerado el fundador del narcotráfico moderno neerlandés, emergió como una figura clave. Con experiencia empresarial, Breinsma organizó las importaciones directamente desde Marruecos, optimizando envíos y estableciendo un estándar de bloques de hachís de 250 gramos. Su modelo de negocio, que incluía la inversión en bienes raíces y el blanqueo de dinero, prosperó hasta que un envío de 45 toneladas fue incautado y Breinsma fue asesinado, dejando tras de sí un modelo criminal que sobreviviría.