La situación en Zárate es descrita como un "infierno", donde la corrupción y el narcotráfico parecen reinar sin control.
Se compara la situación actual con la época de los "Raiders", sugiriendo que nada ha cambiado y que los funcionarios corruptos siguen en el poder.
Se menciona la posible implicación de la banda liderada por el hijo del subsecretario de seguridad en el asesinato del prefecto, así como en otros hechos delictivos.