La situación en La Paz, Bolivia, se tornó extremadamente tensa con graves incidentes entre manifestantes y la policía. Los manifestantes, que se acercaron a la Plaza Murillo, lanzaron petardos y bombas de estruendo contra las fuerzas de seguridad, quienes respondieron con gases lacrimógenos.
Las calles del centro de la ciudad se convirtieron en escenario de enfrentamientos, con manifestantes arrojando basura y creando barricadas para incendiar. La policía intentó avanzar y dispersar a la multitud, mientras los manifestantes respondían con piedras y cascotes, algunos lanzados con gomeras.
El reclamo principal de los manifestantes es la renuncia del presidente. La policía mantiene una actitud defensiva, intentando evitar que los manifestantes lleguen a la Plaza Murillo, pero la situación se descontrola con la violencia desatada, similar a la ocurrida el viernes anterior.