El Arzobispo de Buenos Aires, García Cuerva, en su mensaje del Tedeum, hizo un llamado a la unidad y a la reconciliación nacional, pidiendo que Argentina sea una "casa" y una "mesa familiar" para todos sus habitantes. Subrayó la necesidad de un vínculo social y político renovado, advirtiendo que la exclusión y el beneficio de unos pocos destruyen el tejido social y conducen al enfrentamiento.
El mensaje, aunque crítico hacia la dirigencia política que "no está a la altura", fue recibido con gestos de amabilidad por parte del presidente Javier Milei y su comitiva. A diferencia de años anteriores, la relación entre el gobierno y la Iglesia Católica parece mostrar un acercamiento, especialmente con la posible visita del nuevo Papa.
Analistas señalan que, si bien el discurso de García Cuerva tuvo pasajes duros, la actitud del presidente fue de receptividad y no de reactividad, interpretando esto como una señal positiva para el gobierno. Se destaca la ausencia de Villarruel en un lugar protagónico, así como la de Patricia Bullrich, quien ya no forma parte del gabinete.