Se relata la salida de los israelitas de Egipto, destacando que Dios no solo los libró de la esclavitud, sino que también los bendijo extravagantemente, saliendo con las manos llenas de las riquezas de los egipcios, tal como Dios lo había prometido 400 años antes.
Se enfatiza que la intervención divina no fue solo para consolar, sino para liberar completamente, y que esta liberación vino acompañada de una gran prosperidad. La salida de dos millones de personas, incluyendo enfermos y ancianos, se presenta como un milagro en sí mismo, con Dios proveyendo para que caminaran sin desgaste durante 40 años en el desierto.