Se denuncian graves agresiones verbales y calificativos denigrantes, como "prostituta", "gato" o "pagada", dirigidos a personas, independientemente de su afiliación política o razón de estar en el Congreso.
Se critica la "bajeza" y "pobreza intelectual" de quienes recurren a este tipo de ataques, sugiriendo que en lugar de insultar, deberían enfocarse en el trabajo o aspectos profesionales, ya que atacar el cuerpo o la sexualidad es inadmisible.