Se critica la falta de gestión y comunicación en el gobierno, señalando que la ausencia de un vocero oficial obliga a interpretar gestos y fotos.
Se menciona que el secretario de culto no ha firmado ninguna resolución desde que asumió en diciembre, generando sorpresa en la Iglesia.
Se expone la tensión en la comunicación gubernamental, donde las decisiones parecen tomarse a través de tuits y no de acciones concretas.