El debate se centró en la política económica europea, con críticas hacia la centro-derecha por la venta de industrias y la liberalización de mercados, argumentando que esto ha llevado a la desindustrialización y problemas para la industria europea.
Se señaló la falta de inversión suficiente en infraestructura energética pública, lo que resulta en altos precios de la energía que afectan a las industrias y las hacen menos competitivas a nivel global.
Además, se criticó el sabotaje de la energía verde, manteniendo la dependencia de combustibles fósiles y la vulnerabilidad ante crisis energéticas.