En Bolivia, el enojo social se intensifica contra el presidente Rodrigo Paz, a quien sectores de la población tildan de soberbio y de gobernar para la élite. Frases desafortunadas del presidente, como calificar a los que protestan de "vándalos" y afirmar que "no le debe nada a nadie", han exacerbado los ánimos.
Quienes votaron por Paz se sienten traicionados, especialmente tras la quita de subsidios a combustibles, que provocó aumentos del 80% en el diésel y 150% en la gasolina. Además, se critica que el presidente haya eliminado el impuesto a las grandes fortunas mientras aumenta el precio de los alimentos básicos, evidenciando un gobierno que favorece a los empresarios y a la élite tradicional boliviana, descuidando al sector popular que lo llevó al poder.