El arzobispo de Buenos Aires, en su homilía del Tedeum, utiliza la alegoría del paralítico llevado a Jesús para hablar sobre la necesidad de unidad, diálogo, amistad social y esperanza en Argentina. Subraya que "nadie es descartable" y critica la polarización y el individualismo, comparando a los críticos modernos con los escribas del Evangelio.
Se hace un llamado a la clase dirigente a buscar soluciones en lugar de culpables, a fomentar el diálogo y a evitar el "terrorismo de redes". Se citan las palabras del Papa Francisco sobre la amistad social y se recuerda la figura de Fray Mamerto Esquiú, instando a la nación a levantarse y reconstruir sus vínculos.
El mensaje concluye con un llamado a la unidad, la solidaridad y la memoria, recordando la proclama de la primera Junta de Gobierno y pidiendo la intercesión de la Virgen de Luján por el país.