El acercamiento entre Cuba y Estados Unidos durante la administración Obama, con la normalización de relaciones y la reapertura de embajadas, no generó las reformas esperadas por Washington. En lugar de ello, el régimen cubano aprovechó para concentrar poder económico en manos militares a través del conglomerado JAESA.
JAESA controla entre el 60% y 65% de la economía cubana, abarcando finanzas, comercio exterior, hotelería y exportación de productos. La apertura benefició al régimen sin transformarlo, consolidando su control económico.