Trabajadores esenciales en Estados Unidos enfrentan dificultades para vivir cerca de sus lugares de trabajo debido al elevado costo de la vivienda. Enfermeras como Carrie Walker deben realizar largos y costosos desplazamientos diarios, afectando su tiempo familiar y sus finanzas.
El precio de la vivienda se ha duplicado e incluso cuadruplicado en algunas zonas como Los Ángeles. La escasez crónica de viviendas, con un déficit estimado de 10 millones de unidades a nivel nacional, impulsa esta crisis. Profesores y otros trabajadores esenciales no pueden permitirse vivir en los barrios donde trabajan, viéndose obligados a trasladarse a zonas más alejadas.