En la época de la desaparición de Sofía Herrera, los controles en la frontera eran menos rigurosos. Los testimonios indican que era común que los menores de 8 años no necesitaran presentar documento de identidad, y la verificación del parentesco con el documento verde era superficial.
A pesar de esto, se logró documentar y rastrear a todas las personas que salieron del país en la franja horaria crítica. El puesto policial en la ruta era uno de los pocos puntos de control, y se verificaba auto por auto para determinar si se llevaba a la menor a Chile.