El cultivo de olivos, fuente principal del aceite de oliva, se ve amenazado por el aumento del calor y las sequías en el Mediterráneo, regiones donde su demanda se ha duplicado desde los años 90. Ante esta situación, se explora la posibilidad de trasladar el cultivo hacia el norte de Europa, como en Austria, una iniciativa considerada por algunos como una locura pero por otros como una respuesta necesaria ante el cambio climático.
Marcus Fink, físico e investigador, cofundador de AgroRebels, investiga el cultivo de plantas en condiciones adversas, incluyendo la posibilidad de cultivar olivos en Austria. A pesar del escepticismo inicial, el proyecto ha avanzado, y actualmente existen más de 7.000 olivos en Austria, con otros 2.000 planificados para 2026. Se está desarrollando una variedad austríaca de olivo, con la expectativa de que el aceite de oliva producido en Austria sea rentable en el futuro.
El aceite de oliva ha experimentado un aumento de precio significativo debido a la pérdida de cosechas en el Mediterráneo en 2023, con caídas de hasta la mitad en España y un aumento del 45% en Alemania en 2024. La alta demanda global y la necesidad de adaptarse a las nuevas condiciones climáticas impulsan la búsqueda de nuevas zonas de cultivo y variedades de olivo más resistentes.
Se investigan variedades antiguas y resistentes al calor, provenientes de regiones como Túnez y Argelia, para desarrollar nuevos olivos mejor adaptados a un clima más cálido. La diversidad genética de las variedades antiguas es clave, ya que han sobrevivido a lo largo de los siglos y ofrecen información valiosa para la investigación. Sin embargo, no existe una variedad "perfecta", ya que se requieren diferentes tipos para distintas zonas climáticas, condiciones y suelos.