El historiador Daniel Balmaceda detalla cómo se preparaba la celebración del 25 de Mayo en 1810, destacando que no fue un día de independencia sino de formación de un gobierno autónomo. Explica que la participación ciudadana era limitada a un pequeño grupo de la población que entendía la trascendencia del momento.
Se rememora la conformación de la primera Junta Provisional Gubernativa y la importancia de los Rodríguez Peña como anfitriones de las reuniones previas. Se describe la vida nocturna de la época, donde las tertulias eran reuniones familiares y de amigos, con mate y chocolate caliente como bebidas principales, y se evitaba el consumo de alcohol para mantener el decoro.
Balmaceda también aborda las costumbres culinarias, mencionando los pastelitos de carne dulce como un manjar popular, e incluso la práctica de añadirles azúcar a las empanadas de carne. Se explica que los duraznos eran una fruta muy consumida y formaban parte de platos como los duraznos rellenos de carne. Las empanadas, en contraste con la actualidad, se consumían en la calle como bocados.
Respecto al asado, se señala que la parrilla moderna no existía y la carne se preparaba a la cruz o directamente al fuego, dada la abundancia de ganado. Los cortes de carne como los conocemos hoy no estaban definidos, y las menudencias y el asado de tira se descartaban hasta que la exportación a Inglaterra en 1880 cambió esta tendencia. Se aclara que los pastelitos originales eran de membrillo, y los de batata surgieron posteriormente. El mate, copiado de los guaraníes, era una bebida fundamental, al igual que el café, que se consumía de forma diferente a la actual, a menudo mezclado con cebada o incluso solo, como el "mate de café" preferido por San Martín.