La tensión en Chipre se intensifica con la presencia militar de potencias externas y la creciente rivalidad regional. Tras un ataque a una base británica, Grecia desplegó cazas F-16 y otros países europeos enviaron buques de guerra, mientras Estados Unidos utiliza la isla como centro logístico militar. Turquía respondió con sus propios cazas F-16 y sistemas de defensa aérea en el norte.
Diplomáticamente, la situación está estancada. La Unión Europea condiciona el acercamiento a Turquía a los avances en las negociaciones de Chipre, pero la República de Chipre ve a Ankara como potencia ocupante, dificultando concesiones.
El contexto regional se complica con la guerra ruso-ucraniana y el aumento de la tensión en el Báltico. Rusia realiza maniobras nucleares conjuntas con Bielorrusia, desplegando misiles Yars. Mientras tanto, el presidente ucraniano advierte a Minsk sobre ataques.
La OTAN busca asimilar la postura de Estados Unidos sobre su despliegue militar en Europa. Donald Trump anunció el envío de 5.000 soldados a Polonia, pero el Secretario de Estado insistió en una reducción de la presencia estadounidense en el continente, un ajuste coordinado con aliados.