Leticia Brecci describe a su padre, Franco del Tano, como una persona maravillosa, habilidosa y amante de la vida, a pesar de sus múltiples "mentiras" laborales para asegurar el sustento familiar.
Relata anécdotas de su padre, quien se desempeñaba en diversos oficios como plomero, electricista y maestro mayor de obra, mostrando su ingenio y dedicación para llevar comida a casa.
Brecci también comparte cómo su padre, incluso después de la pérdida de un hijo, les brindaba alegría y los llevaba al cementerio para charlar con él mientras las niñas jugaban, demostrando su resiliencia.