Dayana relata su difícil experiencia de vida, marcada por el abuso sexual, la prostitución y la automutilación. En medio de su desesperación, encontró refugio y transformación en la Iglesia Universal.
A través de la fe y el bautismo, Dayana experimentó un cambio radical en su carácter y su forma de ver la vida. La búsqueda del Espíritu Santo le brindó fuerza, seguridad y la liberó de sus vicios y dependencias emocionales.
Su vida se restauró por completo: recuperó su matrimonio, formó una familia con su esposo y ahora ayuda a otras personas que atraviesan situaciones difíciles. Dayana enfatiza la importancia de ser una hija de Dios y cómo el Espíritu Santo obró milagrosamente en su vida, dándole un nuevo comienzo.