La sociedad boliviana se encuentra al borde de una crisis humanitaria debido a los prolongados bloqueos. Los ciudadanos se sienten víctimas de una extorsión, ya que las protestas afectan el abastecimiento de productos básicos y el acceso a servicios esenciales.
Se menciona la presencia de un "estado ausente" en muchas regiones, lo que favorece el avance del narcotráfico y el crimen organizado. La falta de medicamentos, gas, alimentos y la escasez de dólares agravan la situación.