La crisis en Bolivia se agrava con semanas de bloqueos y manifestaciones contra las medidas económicas y políticas del presidente Rodrigo Paz. Analistas debaten si las protestas son genuinas o si están motivadas por la oposición, con señalamientos hacia Evo Morales y otros grupos opositores.
El fracaso del operativo de despeje en El Alto y la reinstalación de bloqueos en accesos clave a la capital evidencian la vulnerabilidad del gobierno de Paz, quien admitió que la democracia boliviana es frágil. A pesar de contar con el respaldo legal de los votos, su gestión carece de poder efectivo para controlar las calles, generando parálisis civil y desabastecimiento.
La fragilidad interna ha provocado una reacción internacional, con la Casa Blanca y el bloque Escudo de las Américas activando alertas de urgencia para brindar apoyo político a Paz, denunciando un intento de golpe de Estado y narcoterrorismo. Sin embargo, las tensiones diplomáticas con Gustavo Petro derivaron en la expulsión mutua de embajadores de Bolivia y Colombia, congelando el diálogo bilateral.