Akelin narra su lucha de 17 años contra la depresión, la rebeldía y los intentos de suicidio tras el fallecimiento de su abuela y el abandono de su padre.
Refugiada en amistades y salidas nocturnas, no encontraba consuelo. La pandemia la aisló aún más, llevándola a tocar fondo. Sin fuerzas ni salida, recordó la Iglesia Universal y decidió participar.
Al frecuentar la iglesia, Akelin experimentó un cambio profundo. La búsqueda del Espíritu Santo le brindó la fuerza y la paz que necesitaba, liberándola de la tristeza y dándole un nuevo comienzo en su vida.