El cambio climático y las sequías extremas amenazan los campos de olivos del Mediterráneo, elevando la preocupación por el futuro del aceite de oliva. Las condiciones climáticas adversas, con calor y escasez de agua, dificultan el cultivo tradicional de este árbol milenario.
Ante esta situación, surgen iniciativas para adaptar el cultivo, como la plantación de olivos en Austria y la investigación de variedades resistentes al calor en países como Túnez y Argelia. España lidera la producción mundial de aceite de oliva, seguida por Italia, Grecia, Turquía y Túnez, pero la demanda global y las nuevas condiciones climáticas impulsan la producción en otros países.
Agricultores del Mediterráneo enfrentan el desafío de adquirir agua para sus cultivos y buscan soluciones genéticas y variedades antiguas de olivos que demuestren mayor resistencia. La demanda de aceite de oliva ha crecido significativamente desde los años 90, abriendo nuevos mercados como la India.