Las condiciones climáticas extremas en el Mediterráneo, con sequías y aumento de temperaturas, ponen en riesgo los cultivos de olivos. Milenko Fagorich, olivicultor en Croacia, relata cómo en 2022 debió comprar un millón de litros de agua para salvar su cosecha ante la falta de lluvia y las altas temperaturas.
El aumento de récords de calor y el rápido calentamiento de Europa hacen que estas situaciones sean cada vez más frecuentes. La escasez de agua durante los meses cruciales de formación del fruto (julio y agosto) representa un grave problema para los agricultores, quienes a veces perforan hasta 80 metros en busca de agua sin éxito.