El mensaje se centra en la importancia de oír el Evangelio para ser salvos, citando Primera de Corintios 1:21. Se explica que Dios eligió la predicación para salvar a los creyentes, librándolos del dominio de Satanás, del poder del pecado y de la condenación eterna.
Para acceder a estos beneficios, es necesario convertirse en discípulo de Cristo, lo que implica oír y creer en Jesús. Se enfatiza que nadie puede creer sin haber oído, y nadie puede oír sin que alguien predique.