Se subraya la importancia del bautismo en agua como un requisito esencial para la salvación, citando a Jesús: "el que creyere y fuere bautizado será salvo". Se explica que creer en la Biblia significa obedecer, y que el bautismo, junto con el arrepentimiento, es fundamental para el perdón de los pecados.
Se aclara que el bautismo por sí solo no salva, ni tampoco la fe, la confesión o el arrepentimiento de manera aislada. La persona que cumple con todos los requisitos establecidos por Dios se convierte en una nueva criatura, un discípulo de Cristo, e se integra a la Iglesia Universal.