La falta de agua potable y la alta concentración de arsénico y flúor en las fuentes disponibles representan un grave problema de salud en la región. Las escasas lluvias obligan a recorrer largas distancias en busca de agua, y la que se obtiene no es apta para el consumo humano, generando enfermedades y preocupación entre los habitantes.
Marcela y su familia, al igual que muchos en la comunidad, padecen las consecuencias del arsénico, que se manifiesta en dolores óseos y otros problemas de salud. La falta de recursos económicos impide el acceso a estudios médicos y tratamientos adecuados, agravando la situación.
La historia de la familia Lidia revela un patrón alarmante: el consumo prolongado de agua contaminada con arsénico ha provocado enfermedades graves, incluyendo cáncer, en generaciones anteriores. La preocupación se extiende a los niños, quienes también están expuestos a estos riesgos, y la comunidad lucha por encontrar soluciones para garantizar el acceso a agua segura y mejorar su calidad de vida.