Los niños que viven en zonas rurales enfrentan peligros constantes debido a la falta de infraestructura y servicios básicos.
Accidentes con agua caliente, quemaduras y dificultades para acceder a atención médica a tiempo son una realidad cotidiana. La lejanía de los hospitales, a veces a más de 120 kilómetros, agrava estas situaciones.
Además, la exposición a animales peligrosos y la falta de iluminación segura para actividades básicas como ir al baño, ponen en riesgo su integridad física.