Un hombre de 57 años falleció de un infarto en su domicilio, minutos después de haber sido atendido en una clínica clandestina de La Matanza. Según su hijo, la clínica le diagnosticó erróneamente un "dolor abdominal" y le administró un inyectable, sin detectar el infarto agudo.
La familia denunció la mala praxis y la falta de atención adecuada, presentando como pruebas un electrocardiograma y un certificado médico que indicarían la gravedad del cuadro. La clínica operaba sin habilitación y aparentemente facturaba a obras sociales de manera fraudulenta.
El hijo de la víctima expresó su dolor y frustración, señalando que la clínica se aprovechaba de la necesidad de personas sin cobertura médica, y que la atención brindada fue deficiente y causal de la muerte de su padre.