Flor, hija de la víctima Karina, describe a su madre como una docente de dos escuelas, una persona de "amor puro" y bondad suprema, que ayudaba a quien podía y siempre tenía palabras de aliento. Destaca su capacidad de perdonar y dar segundas oportunidades.
Vecinos que compartieron anécdotas con Karina la recuerdan como una persona que siempre brindó apoyo. Flor menciona que su madre le había puesto un almacén para que pudiera trabajar y asegurar el futuro de sus nietos, pero a ella no le quedó nada tras su muerte.