Francisca relata su dura infancia marcada por el abandono de su madre y el maltrato de su padre, lo que generó en ella rechazo, odio y dolor. A los 12 años se fue de su casa y, al formar sus propias familias, repitió patrones de miseria y violencia, llegando a maltratar a sus hijas por sus propios nervios y frustraciones.
La situación de Francisca se volvió desesperante, viviendo en la indigencia, sin poder alimentar a sus hijas y con un profundo estado depresivo que la llevó a intentar suicidarse. La falta de recursos era extrema, llegando a usar una puerta con ladrillos como cama y viviendo en una casa inundada y llena de barro.