El caos vehicular y las demoras se apoderan de las calles de la ciudad, producto del apuro y el nerviosismo generalizado de conductores y peatones que intentan llegar a sus destinos tras las complicaciones del día.
La falta de semáforos funcionando, sumada a la impaciencia, genera situaciones de riesgo y aumenta la probabilidad de accidentes. Se observa poco respeto por las sendas peatonales y una conducción temeraria, exacerbada por el estrés de la jornada.