La situación en Bolivia se agrava con escasez de alimentos, combustible y cortes de servicios que afectan la vida cotidiana y la atención médica. En los hospitales, la falta de insumos básicos como oxígeno medicinal genera gran preocupación.
Los ciudadanos exigen diálogo al presidente Rodrigo Paz, quien hasta el momento ha calificado a los manifestantes como "vándalos". La falta de respuesta y la tensión social complican la resolución del conflicto, que ya lleva tres semanas.
Se observa una marcada división en la sociedad boliviana, con ciudadanos que piden la renuncia del presidente por considerarlo un gobernante que no representa al 80% de la población, que se identifica como clase media o pobre.