Las organizaciones sociales, campesinas, mineras y la central obrera boliviana se reunirán para intentar marchar hacia el palacio de gobierno. Como respuesta, el presidente anunció una reestructuración de su gabinete.
El presidente culpa a la "herencia recibida" y a los 20 años del MAS, así como a la actividad política de Evo Morales, por la desestructuración económica. Se encuentra en una encrucijada entre seguir con su plan económico a través del diálogo o tomar medidas más agresivas contra los manifestantes. La gente sufre la escasez de combustible y alimentos, y la preocupación por la privatización de servicios se suma al descontento.