Paula reflexiona sobre sus malos hábitos alimenticios, particularmente el de comer demasiado rápido. Reconoce que es uno de sus peores errores y que incluso cuando era niña, su madre le insistía en masticar cada bocado al menos 30 veces, algo que ella no lograba cumplir.
Explica que, aunque no comía por hambre, la velocidad al ingerir los alimentos era un problema. Menciona que a veces se tragaba la comida antes de haber terminado de masticarla adecuadamente, perdiéndose así la experiencia completa del sabor.
La participante considera que este hábito de comer rápido es algo que muchas personas comparten y que a menudo no se registra conscientemente. Paula cree que, aunque difícil, es posible empezar a practicar una alimentación más pausada y disfrutar mejor de la comida.